ATENCIÓN: HOY ME METO EN UN BERENJENAL EXISTENCIAL

Al que hoy no le apetezca acompañarme, que se quede sentado. No pasa nada.

El otro día tuve una visita inesperada. Eran las tres de la tarde de un día entre semana. Yo estaba en casa a lo mío. Es una hora a la que no me apetece que me molesten. Supongo que para ti también será una hora conflictiva por llamarla de alguna manera.

El caso es que llamaron a la puerta…Los perros ya estaban como locos ladrando. Con mala predisposición iba yo a abrir. Abrí un poquito la puerta y veo a un viejo conocido. Salí a la calle con él para que los perros no lo devorasen. Se trataba de un chico de mi edad al que veía varias veces por semana cuando vivíamos al otro lado de la ciudad. De eso hace ya tres años. Trabajaba en la gasolinera y siempre fue un tío muy amable y muy muy alegre. Remarco esto porque le falta una pierna. Se la cortaron por un accidente que sufrió hace muchos años. Desde entonces iba con un muñón a la altura de la rodilla insertado en una prótesis que se lo hacía pasar fatal. Pero el iba de aquí para allá con su muleta de madera. Se movía rápido e iba soltando sus chistes a cada paso y siempre sonriendo.

Este día en el que vino a verme picaba en el alma verle. Vestía ropa de calle. No iba con el mono rojo de la gasolinera. Iba sucio y olía a sudor. Normal. Me dijo que salió de su casa a las 9 de la mañana y vino hasta mi barrio buscándome. Todo  esto con la prótesis y su muleta bajo la solana africana durante cerca de 8 horas.

Salió de su casa a las 9 de la mañana y vino hasta mi barrio buscándome. Todo  esto con la prótesis y su muleta bajo la solana africana durante cerca de 8 horas.

No me explicó nada ni me contó historias para darme pena porque no hacía falta. Si habló algo fue porque yo le hice hablar por no estar los dos ahí en medio de la calle en plan “silencio incómodo”.

Le pregunté por su familia. Había perdido el trabajo. Tenía cuatro hijos y una mujer que se ha quedado fuera de juego por la falta de esperanza. Todavía sonreía mientras hablaba. Pero creo que era más por el alivio de haber llegado a mi casa que por alegría interior. La mirada era de alguien agotado. Mucha preocupación, cansancio. También alcohol y tensión.

Le ayudé lo que pude. Pero dentro de mí iba aclarándose una idea, una intuición. El chico me dio las gracias y yo le dije que gracias a él porque hoy me había visitado Jesucristo. Le pregunté el nombre y me dijo:

-Me llamo James, hijo de Zaqueo.

Recordé la palabra de Zaqueo. A él también le visita Jesucristo. Ahí lo tienes. Esto era la palabra que Dios tenía para mí. Era Zaqueo. En esta palabra Jesucristo hace llegar la salvación a su casa. Jesucristo está en los que sufren. No digo nada del otro mundo para un católico. Pero cuanto más conoces de otras religiones, más te das cuenta de que esto no es así para todo el que cree en Dios. La salvación fuera de la Iglesia no parece que implique nada sufrimiento. Ni siquiera en el judaísmo (¡y venimos de ahí!). Ver el rostro de Dios en los que sufren parece que es un concepto que no se encuentra por todas partes. Más bien, la gente lo ve al revés.

En esta palabra Jesucristo hace llegar la salvación a su casa. Jesucristo está en los que sufren. No digo nada del otro mundo para un católico. Pero cuanto más conoces de otras religiones, más te das cuenta de que esto no es así para todo el que cree en Dios.

James Zaqueo no me visitó un día cualquiera. Lo digo porque esto del sufrimiento de los inocentes, el Siervo Sufriente, el misterio del sufrimiento, sufrir como forma de redimir al mundo, etc. son temas que me persiguen. A veces con más intensidad y otras con menos. Aquí en Arusha ves gente que lo pasa muy mal  y es normal que un católico se pregunte cosas sin cesar. La propia realidad te impone no ser indiferente a estas cosas.

La primera vez que Dios me puso delante de un acontecimiento fuerte de ver el sufrimiento de alguien inocente fue de esta manera: llevábamos en Arusha menos de un año. Acompañé a un cura de mi parroquia a visitar a varios enfermos del barrio (abuelos que vivían en chabolas horripilantes, señoras enfermas…).

Esto lo sé porque Dios te regala sus ojos para distinguir estas cosas. Lo normal es huir y escandalizarse echándole la culpa a las estructuras y a los humanos malvados o a dioses inmisericordes. Yo veo que aquí hay más material de lo que a primera vista parece.

Llegué a una calle de un metro de ancho donde circulaba un riachuelo de agua muy sucia. Me metieron en una chabola con techo de uralita. Dentro había una puerta al fondo que llevaba a otra estancia. Ahora ya no había casi luz y no se veía bien. Olía a sudor y a arroz cocinado hacía tiempo. En la siguiente habitación había una niña paralítica. Se llamaba Margaret. No hablaba. Tenía la mandíbula caída. Ante quién se vuelve el rostro. Era insoportable mirarla. Y sin embargo yo estaba cara a cara con Jesucristo. Conforme iba metiéndome en la chabola, mis pasos me llevaban a un misterio, al Santo de los Santos, a la presencia de Dios.

Esto lo sé porque Dios te regala sus ojos para distinguir estas cosas. Lo normal es huir y escandalizarse echándole la culpa a las estructuras y a los humanos malvados o a dioses inmisericordes. Yo veo que aquí hay más material de lo que a primera vista parece.

A ver, todo esto que te cuento sólo es una parte del camino. Aquí no hay nada definitivo, ni cierto ni blanco ni negro. Intuyo que todo esto pertenece a un ámbito muy humano pero divino a la vez y además contiene una misión, un envío para todos los cristianos.

Lo que sí puedo asegurar es que Jesucristo busca, está buscando a quién quiere conocerle.

Un comentario en “ATENCIÓN: HOY ME METO EN UN BERENJENAL EXISTENCIAL

  1. Gracias Juanpa. Una y mil veces, por abrirnos los ojos. Estos ojos cegados por todas las comodidades que nos rodean y no nos permiten mirar al otro.
    La misión la lleváis en vosotros y la traéis a cada casa…
    Gracias por la experiencia que vais dando a través del blog.

    Un abrazo a María y a Nacho y a las niñas.

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