Maasai, el making-of de un libro misionero

 

Mientras escribo tengo delante de mí un libro infantil. Es un álbum ilustrado. En la portada aparecen una pareja de maasai saltando. El dibujo está hecho con acuarela. Está impreso en papel con la portada plastificada y encuadernado en rústica. Vamos, es un libro en toda regla. Pero ya os he contado de qué va. Hoy os voy a contar otra cosa: el por qué y el cómo.

Hemos escrito e ilustrado un libro. Esto me lo he repetido a mi mismo muchas veces mientras pasaba las páginas porque cuesta creer que lo hayamos hecho María y yo. ¿De dónde sacamos las ideas? ¿Cómo llegamos a la conclusión de que lo podíamos hacer sin tener ni idea de ilustrar? Nunca hemos escrito una historia. Nunca nos hemos sentado a pensar en un cuento como si fuese un guión de una peli. Me diréis “Juan Pablo, no es el primer cuento que ilustráis”. Sí, pero jamás pensamos en hacer un libro que tratase algo de tanta importancia y profundidad como las obras de misericordia. Sin embargo aquí está. Por fin. Es emocionante tenerlo entre las manos. También es curioso cómo se han dado poco a poco las circunstancias para poder llevarlo a cabo.

Hay gente que al verme con mujer e hijos piensa que debería recibir un sueldo del Vaticano o algo así, pero seamos serios ¿un misionero con sueldo? Seamos serios.

Pero ¿sabéis por qué nos dio por tirar adelante con esta idea? Por varias razones.

Esta es la más obvia: porque uno tiene que pagar colegios, alquileres, comida, gasolina y todo eso. Era el mes de febrero de este año y mi contrato con la empresa de safaris en la que trabajaba acabaría a final de mes. Ser misionero implica no tener sueldo por parte de la Iglesia con lo que hace falta subsistir como cualquier hijo de vecino. Hay gente que al verme con mujer e hijos piensa que debería recibir un sueldo del Vaticano o algo así, pero seamos serios ¿un misionero con sueldo? Seamos serios.

 

Otra razón: buscar otra manera de evangelizar pero expresando alegría y agradecimiento de forma que llegue fácilmente a los niños y que ayudemos a la vez a padres y madres a transmitirles la fe. Podíamos haber hecho un librito en el que aparezcan Jesús y sus discípulos ayudando aquí y allá desde Galilea hasta Jerusalén. Claro. También podíamos haber ideado una historieta en plan educación en valores en la que hasta la gente voluntariosa pero no creyente se sienta identificada. Si. Pero esto ya lo han hecho otras personas y desde luego mucho mejor y con más talento. Teníamos que contar lo que de verdad hemos visto y oído. Quiero decir que si bien es una historia de ficción, las anécdotas tienen su base real y sobre todo hemos visto como las obras de misericordia se hacían palpables con los hermanos tanzanos que tan bien y con tanta alegría nos acogieron allá por 2014.

Todo ha sido un proceso de hablar y hablar y hablar. Alguna vez discutir, lo admito. Pero nunca se nos pasó por la cabeza tirar la toalla. Nunca perdimos la motivación porque al fin y al cabo es un proyecto bonito.

Ahora os cuento cómo fue todo desde el principio: Gn 2,18. A ver, no has memorizado la biblia ni tienes una a mano. Normal. Este es el versículo ese que dice “No es bueno que el hombre esté sólo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”  Esto lo digo porque sentarse a ilustrar un libro sin ser profesional es un reto que parece absurdo pero si tu mujer te apoya, te anima, te ayuda y se sienta contigo las horas que hagan falta y además es sincera con el resultado de lo que vas haciendo pues la cosa poco a poco va saliendo y al final sentarse a pintar hora tras hora y noche tras noche, vale la pena. Entre los dos hemos robado muchas horas a Netflix, os lo aseguro. También os aseguro que era muy importante que María fuese sincera con mis planteamientos y mis dibujos. Os comento sólo un ejemplo. Estuve un mes embarrancado con la portada. No me salía. Ni la técnica era adecuada ni era bonita ni nada. María de vez en cuando miraba el papel y ponía cara de menudo-ninot-de-falla-te-está-saliendo. Al final dijo YA ESTÁ BIEN y…me desatasqué. La portada vino solita. Desde entonces nos sentábamos juntos a comentar ideas. Todo ha sido un proceso de hablar y hablar y hablar. Alguna vez discutir, lo admito. Pero nunca se nos pasó por la cabeza tirar la toalla. Nunca perdimos la motivación porque al fin y al cabo es un proyecto bonito.

Contado así parece que estábamos 24 horas dale que te pego con los lápices y los pinceles pero había cosas a favor y en contra en cuanto a tiempos y plazos. De repente vino la pandemia. Los colegios en Tanzania cerraron y ya no teníamos que llevar ni traer a niños del colegio. Nos dijimos “Genial, así tendremos tiempo”. Pero esto era una trampa mortífera: los niños estaban en casa sin salir. Era teletrabajar. La gente en España ya estaba teletrabajando y todo el mundo decía que era duro. Muy duro. Y lo fue. Vaya que si lo fue. Pero igual que todos, hicimos por apañarnos. Igual que todos vimos que cundía más en el momento en que los niños ya estaban cenados y acostados. Si esta noche no hay Netflix pues no hay y ya está. Sé que me repito pero qué queréis que os diga, estábamos viciados a la serie Ozark y me costó lo mío renunciar y mientras escribo me desquito un poco. Ya me disculparéis.

Pasamos de no tener fecha de entrega a os queda mes y medio, chavales y entre página y página apagón de luz en plena noche para darle más emoción al asunto.  

Las panzadas nocturnas de dibujo fueron ocasionadas porque de repente nos quedábamos sin tiempo. El libro teníamos que imprimirlo en Valencia y  hubo un momento en que claramente no íbamos a poder viajar en junio a España. Bueno, ni en junio ni en julio ni nada. No había vuelos y la incertidumbre era tal que comprar un billete para ir 7 personas desde Tanzania era una estupidez. Pero Dios es bueno (sarcástico a veces, pero bueno) y encontramos compañía y billete para volar en julio. Pasamos de no tener fecha de entrega a os queda mes y medio, chavales y entre página y página apagón de luz en plena noche para darle más emoción al asunto.

  

Bueno ahora ya sabéis el por qué y el cómo. Ha sido un proceso productivo como pocos. María y yo estamos muy contentos, muy agradecidos al Señor y motivados para seguir sacando otros títulos. Ahora aquí en España tenemos hasta el 1 de octubre para vender todos los que podamos y volver a Tanzania y seguir con la misión, volver a tragar polvo en los caminos, volver a celebrar la eucaristía con los hermanos, volver a mancharnos las manos de acuarela, volver a charlar con la gente en swahili, volver a comer cabra asada los días de fiesta, volver a los apagones de luz y los cortes de agua, volver a reírnos de nosotros mismos y de nuestra ingenuidad de blanquitos en África, volver a la vida que Dios nos ha regalado. 

2 comentarios en “Maasai, el making-of de un libro misionero

  1. Nosotros también nos enganchamos a Ozark jajaja Enhorabuena por vuestro proyecto. Sin duda los cuentos es una muy buena manera de transmitir la fe a los hijos

    1. Es que lo de Ozark no tiene nombre jajaja! Cuando tengas tú ejemplar ya me dices qué os ha parecido! Un abrazo

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